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Kultursalon Madame Schoscha

La Carta de Buenos Aires [38]

Francisco del Puerto escribe a Madame Schocha
Buenos Aires

ilustración: MARINERO MORENA von Irene Fernández Arcas

Madame Schoscha reside en Barcelona desde hace un buen rato. Altobelli, su querido amigo, sigue viviendo en Berlín. Los dos tienen sus propios tiempos. Y sin embargo, en este mundo, sobre el cual se cuentan mutuamente. Se escriben cartas. Mes a mes vuela una carta desde Berlín o desde Barcelona enlazando las vivencias actuales de los remitentes. Como en el Salón Cultural Madame Schoscha, que tiene lugar regularmente en varias ciudades en Alemania, ambos intercambian sus aventuras en el arte y la vida cotidiana. De vez en cuando reaparecen personajes casi olvidados. Este mes, desde Buenos Aires Francisco del Puerto le confiesa a Madame Schoscha un profundo deseo: quiere visitarla en Barcelona…!

 

EL ÁRBOL DELOLVIDO

Qué sorpresa su respuesta, Madame, ¡no lo podía creer…!

Así que mi carta arrojada en una botella al mar encontró su destinataria, y encima se la entrega en mano un muchachito que se queda a vivir con usted unos días. Puro Hollywood! 

Si no hubiera sido verdad habría que inventarlo.

Usted recordaba nuestros pocos encuentros con tanta precisión que me parecía como si estuviese evocando otra persona, otro mundo, otra amistad. Yo también hice memoria, pero desde otro lugar. Recordé cómo le fascinaba a usted mi „flexibilidad“ personal en el quehacer cotidiano: llegar siempre tarde, decir sí aunque no es seguro, hablar siempre al mismo tiempo que la otra persona... fascinación que poco después se convirtió en fastidio, porque Usted interpretaba esas debilidades como una falta de compromiso entre palabras y hechos. Extrema adaptabilidad, por un lado. Y por otro lado esa susceptibilidad, todo puede herir, ofender, según Usted. Me sorprendió también que la distancia que Usted había mostrado en esos encuentros, se había reducido y de pronto estábamos caminando codo a codo por San Telmo…

Tal vez por éso, cuando leí que había cambiado su residencia en Berlín por Barcelona, me entraron unas ganas locas de cruzar el océano. A mi melancolía  habitual se le suma el inevitable balance de fin de año. Se murió David Bowie y también Leonard Cohen,  pero ellos ya venían forrados en bronce, y aunque duela, le aseguro Madame, más duro para mí ha sido la pérdida de poetas de carne y hueso, con los que compartíamos lecturas y sueños, intensos hermanos y hermanas de palabras. Jorge Ariel Madrazo, Inés Manzano, Leonardo Martinez, Hilda Rais….eran tan tiernos, tan densos, tan nuestros. Usted seguro no los conoce. La poesía es así, sopla donde quiere y circula por extraños corredores. Con Hilda Rais se fue una parte de mi vida a la otra orilla. Hilda, la de risa hilarante,  la del humor como ninguna, la de la palabra desnuda, la feminista militante, lesbiana, escritora sutil, inteligente, satírica, crítica...una luchadora de bajo perfil, como se dice ahora, con una presencia y actitud que nos influyó a muchos que no nos atrevíamos a salir del ropero...

“No quise envejecer,                                                
era mejor morir/
pero ahora no tengo ganas”.

escribió Hilda Rais en Ensayo y serenata, su último poemario.

Partir, migrar, cruzar el mar, poner océano de por medio, mandarme a mudar, como decimos. ¿Ya le conté que mis abuelos llegaron a Buenos Aires en 1939 escapando de la guerra civil española como miles de republicanos, muchos intelectuales que dejaron su huella en este país, en las editoriales, la literatura, la música el teatro? Eran refugiados. Mi abuelo, un jovencito de 23 años que llegó de Alicante, el único de su familia que se animó a cruzar el mar, se encontró con mi abuela por los años cuarenta y constituyeron la familia de mi padre. Épocas de gloria de la Avenida de Mayo, con esos palacios que a usted tanto le gustaban. El lugar donde los españoles transterrados fundaron su propio Buenos Aires.Y la estatua del Quijote, claro. 

El poeta Federico García Lorca ya había estado por Buenos Aires en1933, vino por un mes a estrenar su obra Bodas de sangre, y se quedó seis meses, viajó a Chile y al Uruguay, conoció a Carlos Gardel, a la intelectualidad americana que se reunía en Buenos Aires por esos años, al poeta Pablo Neruda y a Jorge Luis Borges, a Victoria Ocampo y Oliverio Girondo...se llenó de proyectos y pensó en volver pronto. No pudo. Lo asesinaron en 1936 en Granada, hace 80 años.

Mire este Poema de Cante Jondo, presagiando el futuro:

el grito

La elipse de un grito,
va de monte
a monte.

Desde los olivos,
será un arco iris negro
sobre la noche azul.

¡Ay!

Como un arco de viola
el grito ha hecho vibrar
largas cuerdas del viento.

¡Ay!

(Las gentes de las cuevas
asoman sus velones.)

¡Ay!

Dos poemas de Federico García Lorca

¿Se imagina usted el impacto de su asesinato en este país? Mi amiga, la escritora Reina Roffé, argentina, que vive en Madrid desde hace un montón de tiempo, en su novela El otro amor de Federico recrea el ambiente que vivió García Lorca en Buenos Aires. La novela, me cuenta Reina, "presenta un Lorca real y sobre todo soñado, inventado con distintas voces del relato, reelaborado desde mi óptica y con una mirada actual, también con lo que se había silenciado y no se quiso ver por prejuicios, como su homosexualidad“…

Sigo con el balance, Madame...¿sabe? Mi próxima ocupación en estos días consistirá en disfrazarme de Papa Noel y repartir caramelos a los chicos en la plaza de mi barrio. Una ayuda que me tira la Asociación de Vecinos, porque me conocen desde chico y saben que nunca le huí al trabajo. No me quejo, pero nunca pensé que quedaría cesante en la Universidad, después de casi diez años de docencia, y el dinero que gano en estos trabajitos ocasionales apenas me alcanza para visitar mi librería „de viejo“ en la Avenida de Mayo, y leer y leer...Estoy vendiendo mi propia biblioteca para comer, es la verdad. No soy el único, me acompañan unas ciento cincuenta mil personas de los más diversos empleos, desde el rubro de la construcción, la educación, la cultura, hasta la industria automotriz que perdieron su trabajo en este año... la industria ha reducido su producción y los precios están por las nubes.

A mí no me gusta el árbol de Navidad. Es algo raro para estos lados. ¿Un árbol cubierto de nieve? ¡Pero si acá estamos en pleno verano! Y papá Noel suda la gota gorda bajo ese disfraz acolchonado. En mi infancia la Navidad era el pesebre, el portal de Belén, el nacimiento, el recién nacido que trae la buena nueva. Un establo, con vaquitas y ovejas y peones celebrando clandestinamente un nacimiento: ¡eso es mucho más argentino que cualquier árbol de Navidad!

En cuanto a mí, prefiero El árbol del olvido. Es un poema de Fernán Silva Valdés, poeta y escritor uruguayo (Montevideo, Uruguay 1887 – 1975) con música de Alberto Ginastera,(1916-1983)  el gran compositor argentino que este año está de Centenario.

En mi pago hay un árbol
Que del olvido se llama
Donde van a consolarse
Vidalita
Los moribundos del alma

Para no pensar en vos
En el árbol del olvido
Me acosté una nochecita
Vidalita
Y me quede bien dormida

Y al despertar de aquel sueño
Pensaba en vos otra vez
Pues me olvidé de olvidarte
Vidalita
En cuantito me acosté

Esta versión de El árbol del olvido en la voz de Mercedes Sosa con el acompañamiento musical de Martha Argerich:

 

 

Ganas de emigrar, de irme, de cerrar este país por tiempo indeterminado. ¿Pero cómo irse de un lugar? ¿Cargando ese sitio con uno? ¿Como aquel hombre, que según Bertolt Brecht, llevaba un ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa? Pero yo no quiero recordar. Quiero acostarme a dormir bajo el árbol del olvido. Y soñar que navego hacia otros mundos.

¿Y usted Madame? ¿Qué me dice, si en vez de carta, por una vez, aparece el remitente en persona a golpear su puerta?  Mientras lo piensa, le regalo Danzas Argentinas, otra vez de Ginastera,  ritmos como para dar la vuelta al mundo y después volver. O no. Tanto Ginastera como su compatriota Jorge Luis Borges descansan en Suiza, en el cementerio de Ginebra, y a pocos pasos uno del otro... ¡Ah, la última residencia fija de estas criaturas nómades!

 

 

Hasta pronto querida Madame

Su amigo
Francisco del Puerto

P/S Acompaña esta carta la ilustración Marinero Morena, de Irene Fernández Arcas, granadina de nacimiento, como el poeta García Lorca. A Irene, admiradora de Lorca que reside en Berlín, la conozco del mundo de los libros, donde una página lleva a la otra, como bien sabemos Usted y yo, Madame.

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