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Wir reden über Literatur
Kultursalon Madame Schoscha

La Carta de Moscú [43]

Por el Volga
Moscú

Madame Schoscha reside en Barcelona desde hace un buen rato. Altobelli, su querido amigo, sigue viviendo en Berlín. Los dos tienen sus propios tiempos. Y sin embargo en este mundo, mes a mes vuela una carta desde Berlín o desde Barcelona enlazando las vivencias actuales de los remitentes. Como en el Salón Cultural Madame Schoscha, que tiene lugar regularmente en varias ciudades en Alemania, ambos intercambian sus aventuras en el arte y la vida cotidiana. De vez en cuando reaparecen personajes casi olvidados. Este mes, presentamos una nueva conexión surgida en el Este. Kosen Myo escribe desde Jerusalén sobre su sensación de soledad a su amiga Alissa Salzman que vive en Moscú. Ambas amigas se conocieron en Berlín por medio de Madame Schoscha. Ahora el tiempo de Alissa en Moscú se acerca lentamente a su fin…

 

ilustración: Skarabäus de Anke Schima

 

Hola Kosen,

La vida es olfato. En mi infancia los olores son omnipresentes. Sobre todo son los fogones, el motivo que permanece y que es la connección de la vida dentro del jardin y más allá de la valla del jardín. Las otras fincas, los manzanos de los alrededores, los arroyos, los senderos, los paseos con el perro.

Respiro: un fósforo bailando, el aroma grisazulado, una papirosa ardiendo. Respiro: Una vela roja flamea, gotea y se desborda. Respiro: candiles flotando en la pila, cerca del hogar. La madera húmeda y las virutas, un vaho ácido. Lo cubro con recortes de papel de diario, la mayoría de los años 80. Flamea. Los periódicos están amontonados en la casucha de dos pisos del jardín junto con infinitos trastos. La puerta atascada, estanterías con puertitas de vidrio. Cuando se construyó la casa de mis abuelos dormíamos aquí por las noches en camas plegables. El ambiente huele como arena, intemporal. Haces de leña sobre los escalones, pinchos con trozos de carne cerca del fuego, gajos de cebolla, los condimentos del aderezo se mezclan con el aroma del fuego. Son las primeras horas de la tarde.

Lo evoco a la distancia desde once husos horarios extendidos hasta la punta de mis dedos que chocan con el miedo.

Mi miedo va creciendo desde las horas de la mañana. Se mezcla con un montón  de realidad y permanece durante el día en la nuca. Mi miedo me impide concluir mis historias. Mi miedo dice, ya es muy tarde, vas a cumplir 30. No tienes un lugar,  no tienes una voz, estás desperdiciando tu tiempo y el tiempo de tus lectores. Ordena tu ropa o anda a cortarte el pelo.

Mi miedo me controla, no me permite cambiar de país, no me permite desembarazarme de mi carga. Mi miedo quiere una Alissa domesticada. Dice que soy inacccesible, que me muestro demasiado. Miedo de volver a caer en viejas rutinas. Miedo adolescente. Miedo de las ondas del celular, de las ondas radiales, de la basura en el Océano Pacífico. Miedo invisible. Miedo de olvidar la lengua y yo junto con ella. Miedo a la parálisis.

Mi enorme miedo me ciñe el cuello y embarduna mis manos de barro. Me aferro a la pluma. Escucho a Kendrik Lamar y aplasto la sombra de mi miedo contra el piso.

„When I was 27 I grew accustomed to more fear
Accumulated 10 times over throughout the years
[…] How many accolades do I need to block denial?
[…] I’m talking FEAR, fear of losing creativity
I’m talking FEAR, fear of missing out on you and me“
(Kendrick Lamar: FEAR)

Sartre habla del desamparo en el mundo. Todo es radicalmente diferente y lejano de nuestra mirada. Goenka, maestro Vipassana dice que cada uno es Budda. Potencialmente tú y yo somos Budda. Cuanto más grande el miedo, más cerca la intimidad. Contradicciones aparentes. Alguien que dice „si, no“; „y pero sino“. Un sordomudo que responde, y luego olvida las palabras.

Pocas cosas hay más reconfortantes que los mapas. En las paredes de mis cuartos siempre cuelgan mapas del mundo. El mundo es un hecho y una ficción. Antes me gustaba definirme como europea. Exactamente esa misma Europa, clara y conocida, que se contradice con el núcleo de mi sentimiento. Solamente en la arcaica Selva Negra me siento arropada.

Una aldea en Россия respira más mundo que un museo en Viena y París, que una estación de metro en Berlín. Va más allá. Es imprevisible. El sedimento ruso es lo que hace su expansión. Ningún ruso conoce su país en realidad. Lo presiente. Siento que esa inmensidad me ampara. Rusos y rusas son arcaicos y muy sencillos. El macizo del Cáucaso, Usbekistán y las estepas de Mongolia atraviesan mi familia, Kosen. Mi abuelo nació cerca de  Blagovéshchensk  Su provincia natal se llama Amur, como la electricidad. Blagovéshchensk  limita con  Heihe en China.

En  el embarcadero de Rechnoi Voksal, en el noroeste de Moscú, anclan los barcos que navegan el Volga. Están simplemente equipados y desde que se lanzaron al agua no se refaccionaron nunca. De color celeste y blanco, de hierro fundido soviético con camarotes sin servicio de habitación ni internet. Sin piscinas en la cubierta ni arañas de cristal en el cielo raso ni un programa común de entretenimiento. Los barcos se llaman  Konstantin Kropotkin y  Alexander Newski. No son una línea de lujo. Son los caminos que acercan a los rusos al corazón salvaje de su tierra. Cuando el barco zarpa suena la marcha nacional de 1912. Partida, melancolía, resolución y suspenso. El gigante parte. La roja, azul y blanca ondea bajo el viento fuerte y van desapareciendo las casitas sobre el  río Moscova.

 

 

 

 

(Прощание Славянки / Farewell of Slav / Владивосток)

Una de las muchas rutas sobre el Volga hacia arriba llega hasta el lago Ladoga y la isla Valaam con el convento ortodoxo, otra va al lago Onega y hacia Kichi, con las doce y veintidós cúpulas acebolladas, sin un sólo clavo; otra lleva  al sur, hacia el Canal Volga-Don, Volgrogrado y Astracán, donde crecen las sandías.  Una va hacia el oeste por Úglich, Myshkin, Rýbinsk, da la vuelta por la enorme reserva de agua de Rýbinsk y pasa por grandes ciudades como  Twer‘, Yaroslavl.

Pasamos por Ples, el pueblo que vio nacer al paisajista Isaak Lewitan. Su obra describe el alma rusa con precisión espantosa en una serie de pinturas de bosques de abedules, ríos retratados en el crepúsculo, pantanos cenagosos y caminos a Siberia. El pincel de Lewitan tiene la fluidez de Ples: los claros de la colina cercana al agua, las estelas de la curva del río y las luces de los vapores. Una experiencia audiovisual de esa majestuosidad son sus paisajes junto con las reminiscencias de Rave del inglés Lone.

 

Lewitan: Sobre la eterna calma («Над вечным покоем» )

Parada en Kazán, que ya queda en Tartaristán, donde se hablan tres lenguas y que posee la segunda mezquita más grande después de Grozni. Desde el blanco Kremlin en Kazán se divisa el Volga en su desmesura. La ruta del río va hacia Cheboksary, la capital de la república autónoma de Chuvasia, un pueblo túrquico; Yelábuga (aquí murió Zwetajewa, la Safo rusa), y después hasta Tschaikowski, que queda en la República de Udmurtia (lenguas ugrofinesas) sobre el río Kama.

La gente ofrece pan y sal. Cantan coplas populares y visten ropas bordadas con monedas doradas y turbantes de arandelas, Me sorprende el orgullo que se percibe en cualquier lugar. Sin hacer mucho aspaviento reciben amistosamente a los extraños. Damos la vuelta por el Kama. En una pequeña ciudad sólo veo el consultorio donde me atiende un médico tosco. Recibo una medicina para mi úlcera gástrica.

Llegamos en Nizhni Nóvgorod, sobre el Strelka, donde el Oka desemboca en el Volga. Se llamó una vez Gorki, como el escritor amargo. La Iglesia del Alumbramiento de María está sin dudas a la misma altura que las de „Piter“  (San Petersburgo) y Moscú.

Realmente me gustaría saber por qué recién cuando estoy lejos me reencuentro conmigo. ¿Es la escritura un camino hacia lo impreciso? Cuando se alcanza la formulación de la verdad, cuando se logran extraer de un espejo las piezas tridimensionales de un rompecabezas? Ese espejo donde mis abuelos, que en la oscuridad me impedía que lo atravesara. ¿Tendría que haber asumido antes la duplicación y distorsión de mi yo? Me enamoro de mujeres inaccesibles que se desplazan por otros continentes.  ¿Cuánto de todo ésto es amor a la lejanía? Una de esas mujeres me escribe desde Buenos Aires, cómo el verdadero amor sólo lo encuentra en Aída, su abuela. Hasta hoy estoy esperando la constelación que me permita alcanzar a mi difunta abuela Sizilia. Isla de la infancia, la única correspondencia. La bahía.

La patria es un concepto malentendido. No conozco a nadie que se haya quedado en el lugar donde nació y que se sienta solamente perteneciente a esa región. ¿De dónde vienes realmente Alissa? ¿De dónde son tus padres? ¿Qué significa tu nombre? ¿Cómo se pronuncia? A nadie se le puede pedir explicaciones, necesitamos pasar por alto esas ataduras de la nacionalidad, la pertenencia, la historia familiar, la tradición, soltarnos de una vez. Ninguna identidad. Dualidad. Multiplicidad. Ninguna agresión pasiva. Ningún autoanálisis y rechazo: un meterse con desesperación en una manguera que muestra grietas. 

Siendo adolescente en Rusia vigilaba mi acento y mis comportamientos extraños, y en Alemania lamentaba mi falta de infancia en ese país, las costumbres y rituales que yo no tenía. La grieta que me atraviesa devino cada vez más pequeña y borrosa. Finalmente, con la pluma, puedo ser quien en ese instante quiero ser. En cada texto puedo negociar y llevar mi lugar de pertenencia a todas partes. La imponente casa de mis abuelos con sus fogones, los ríos, la poesía de Puschkin y el San Petersburgo barroco, los adoquines de la Baja Sajonia, la aldea montañesa en medio de Bahía, en el Brasil, el viento del lejano oriente sobre la ensenada finesa en el Báltico, los confines difusos del Asia Central donde creció mi madre en tres países. 

 

  Sizilia, mi abuela en Kischi

Entonces vuelvo al Cáucaso, mi lugar de nacimiento. Una patria virtual en una camisa de fuerza de las tradiciones. Waterboarding in Chechnya. El deseo de ver mi ciudad natal se diluye en el aire cuando leo como tratan a los homosexuales. Renegado del reino, rearmado desde los escombros. Exótica Alissa, Alissa del Cáucaso, Hellexus Pontos y el mar Caspio. Y sin embargo quiero entender Чечня.

Pienso en nuestros cuerpos desnudos entre el Muro de los Lamentos y el muro del Kremlin. Quién eres y quién te ha formado, polvo del desierto de Castilla la Nueva. ¿Que corrida de toros lucha dentro de tí? Arroja el paraguas, mójate. Muéstrate. Vuélvete tahini y cambia tu viscosidad. Quiero trocear nuestras mistificaciones con un machete y esparcirlos en los rincones de este papel.

Kosen Kosen Kosen Kosen.

Tú eres una señal de amor tú eres un pájaro tú Haiku tú racimo de flores de manzano tú molécula tú Maestro  Katagiri Roshi. Katagiri dice: „You don’t get used to loneliness. Loneliness always has a bite but learn to stand up to it. Take a cold shower every morning and learn not to get tossed away.“

Con Natalie Goldberg aprendo a empezar de nuevo. Si un día no escribo, en ese entretiempo crece en mí. Cuando me siento, rara vez aparece lo que espero. En cambio se origina un espacio: „Give your mind a large field to wander in.“

Nat practica la meditación zen. Quisiera sentarme un día con ella. Su escritura es meditativa y reflexiona detalladamente sobre el mundo:

„Writing can teach us the dignity of speaking the truth, and it spreads out from the page into all of our life, and it should. […] That is the challenge: to let writing teach us about life and life about writing. Let it flow back and forth.“ (Natalie Goldberg: Writing Down the Bones)

„En la vida aprende las artes, en la obra aprende la vida
Si en una ves lo justo, lo verás en la otra también“
(Hölderlin: Pros Seauthon)

Everything is illuminated. Éste es sólo un momento. Luego me levanto de la mesa, veo una esquina muy concurrida y me disperso. O espero a una amiga y estoy fuera del tiempo. Escribir dibuja un círculo y recoge algo. Lo conduce a través de una llama, cambia su color y lo suelta. Alguien lo toma.

Podría ser David Liebermann, que resume con retraso mis experiencias en la gran ciudad:

Only in cities do you see this
Where the body chemically absorbs
All of the power of the streets and
Shops and cars and trolleys and noises
And the hundred ways they are oganized
And disoganized in sound and vision and smell
And it all comes up like steam
From the subway gates
And is collected in men’s bodies
And liberates their minds.
(David Lieberman: Legs)

In men’s bodies and women’s bodies. Donde huye el miedo y comienza algo diferente.

Pronto nos van a llamar. El abuelo y yo estamos esperando en el aeropuerto de Domodédovo. Por un tiempo me lo llevo como talismán. Me cuenta de sus vuelos: desde Grozni donde se duerme en la sala de espera; de un vuelo a Cracovia sobre París, donde estuvo hasta las cinco de la mañana en el Moline Rouge; de un vuelo transatlántico   sobre volcanes artificiales en erupción hacia Chicago y Las Vegas. Habla siempre. Todo parece simple y vital. Valijas que se pierden y se vuelven a encontrar, ciudades que se reconstruyen después de terremotos. Subimos al avión. Moscú queda atrás. Por lo menos tengo un destino claro en mi futuro. Si te desilusiona que me vaya, entonces tendrás tú que venir a Moscú.

Mi abuelo habla con mis padres, compra cantidades de plantas para la nueva casa, Adelfas y Clematis. Ya crecieron en su jardín. Escucho claramente su voz desde mi escritorio y veo como su mano rugosa aparta el viento y empuja las palabras.

Me llama por mi nombre.

Hasta luego amiga.

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