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Kultursalon Madame Schoscha

La Carta de Jerusalén [44]

Kosen Myo escribe desde Jerusalén sobre mapas y confusos límites a su amiga Alissa Salzman que vive en Moscú.
Jerusalén

Madame Schoscha reside en Barcelona desde hace un buen rato. Altobelli, su querido amigo, sigue viviendo en Berlín. Los dos tienen sus propios tiempos. Y sin embargo en este mundo, mes a mes vuela una carta desde Berlín o desde Barcelona enlazando las vivencias actuales de los remitentes. Como en el Salón Cultural Madame Schoscha, que tiene lugar regularmente en varias ciudades en Alemania, ambos intercambian sus aventuras en el arte y la vida cotidiana. Una nueva conexión en el Este se ha establecido entre Kosen Myo que escribe desde Jerusalén y su amiga Alissa Salzman que vive en Moscú. Ambas amigas se conocieron en Berlín por medio de Madame Schoscha. Esta vez, Kosen que sigue en el desierto intenta ubicarse como línea en un mapa confuso.

 

Hola querida Alissa,

En esta carta voy a intentar recopilar ideas sueltas, pérdidas de memoria recuperadas por una lucidez vespertina.
Empezaré por el Haiku, poesía familiar de todo japonés que carece de autoría. Una vez creado es independiente de la pluma, de ahí su popularidad. Forma como el arroz parte de la dieta diaria en Japón, rima del 575, en tres versos utilizando como base la estación del año. En algún momento, el hombre ubicaba su existencia por su entorno y no por el reloj.

“Fascinante es el lenguaje de las lenguas y los guisantes
de los gigantes y las manos. Comunicar sin musitar palabra.
Flor de mayo.”

Juego a romperme la cabeza abriendo sandias y balanceando mi cuerpo entre líneas divisorias en un mapa confuso. Sigo en el desierto, caminando con Esei salimos a una carretera, lengua salitre que serpentea entre colinas que parecen jorobas de camellos y dromedarios. A contraluz, sus pelos resaltan bordeando sus siluetas. Son unos pelos que se mueven.

Seguimos avanzando, esos pelos son personas. Al pie de la joroba descansa un autobús y a Esei se le acerca una mujer. Es la guía, algo intranquila por no saber si eso es ya territorio palestino. Creemos que no, le dice Esei y a mí me viene un turista sonriente a decirme Hello. Yo, con otro Hello pienso que la ignorancia o el deseo de serlo son arenas movedizas. Nos dice la guía que son de Corea del Sur en la búsqueda de la voz de dios. Y así, como pelos-antena, van desenredando la piel de camello, cada uno por su lado para no crearse interferencias. God, God ¿me oyes? Quería gritar yo a todo pulmón: ¡God, God!

Foto del desierto de Judea con peregrinos de Corea del Sur y un grafiti de la Estación Central de Autobuses de Tel Aviv (créditos María Castro).

¿Es posible escuchar aquí esa voz? Ahora me viene a la memoria el sonido de artillería en el norte, en el Golán, en la frontera con Siria, La Carnicería. Dónde está el límite Alissa.

¡Regresemos Esei! Pero ya es demasiado tarde. Es imposible esquivar lo axiomático. Nuestro viaje parte de Jerusalén para adentrarnos en el desierto de Judea. La primera parada es El Cauce del Prat.  Para llegar hasta ahí, hay que pasar una barrera de control y seguir carretera abajo. Al poco, la lluvia nos impide alejarnos de la entrada del parque. Bajo un toldo, donde los británicos tomaban el té, ahora lo preparamos nosotros. Agua de lluvia, de río e infusión. Desde aquí se bombeaba hasta Jerusalén en la Era Colonial, actualmente no sé qué se hace con ella y a quién le pertenece a parte de a las piedras de su propio cauce . El agua no habla, un guardabosque enciende un cigarrillo “Las carreteras en toda la zona están cerradas, también Masada.” Es muy simpático, vive en el pueblo de arriba, bueno pueblo o asentamiento, como queráis llamarlo, nos dice.

The community, unpaved road.
Millions of thousands of years.
Years of Time, Time of Sand.

El presente se ancla en el pasado. Te preguntarás por qué te estoy contando todo esto, lo obvio, lo que aburre nombrar. Estoy en el intento, como en el haiku, de asentar lo que es. Con al menos la suspensión de lo Ideológico. Narrar la aparición de un Incidente, el mío: veo, oigo, siento. Con los matices haikistas del pudor y la discreción.

Permíteme llevarte de la mano a otro viaje. Estamos con mi amiga alemana Julia camino a Amán, Jordania. Son las Navidades del año 2015, yo ya llevaba por aquí algo más de un mes. Tomamos el autobús desde la oculta estación del East Jerusalem, cerca de Damascus Gate. En dos horas estábamos en el control fronterizo del Puente Allenby. En el lado israelita mostramos los pasaportes y las tarjetas de visitante con las que puedes estar hasta tres meses si eres europeo. Otro bus nos lleva al control jordano, ahí revisan nuestras visas al Reino Hachemita, son Single Journey.

Jordania “es el último Reino Hachemí que queda en pie, siendo un ejemplo de estabilidad para toda la zona de Oriente Medio”. En cierto modo, se la podría catalogar como la Costa Rica del Medio Oriente. Te comparto algunas fotos.

Petra dos fotos de este mágico lugar, no es solo impresionante la ciudad creada a manos del hombre sino sobre todo el paisaje y sus montañas.

Regresamos en taxi desde Petra al Puente Allenby, bordeando el Mar Muerto. De frente Israel,  perfiles hermanos y enantiómericos . Después de decir adiós sonriendo a los oficiales jordanos, la frontera enantiomérica encajó con la israelita. Siempre hacen muchas preguntas por seguridad. Damos toda clase de detalles, incluso las fotos con nuestra amiga Tamar de Tel Aviv. Julia se regresa con Tamar y yo me quedo en Jerusalén visitando a mi novio que está ahí trabajando. Nos toma los pasaportes, “We have few more questions, please wait there”. Nos sentamos, hay más gente esperando, seguramente son palestinos.

Hay aquí algunas reflexiones: al decir un haiku se produce un efecto de real. Una certeza de realidad donde el lenguaje se desvanece dejando desnudo lo que dice. Cómo formular en palabras la experiencia: Nude and Without Flowers. Este es el título de mi nueva exposición, te dejo una pequeña muestra, un boceto para la obra I am the Penitent. Necesito financiación y también un lugar donde exponer. Tú mi Alissa de qué vives.

Comemos casi aire
alimentamos con burbujas
el corazón.

  

Boceto de I am the Penitent. Alissa mi idea es hacer todo el cuerpo como un icono ruso ortodoxo en base de madera contrachapada y pigmentos en caseína, ¿lo conseguiré? Por lo menos tengo al mejor Maestro, mi amigo  Michel Carré  (créditos María Castro, alias TECLA). 

Al rato sale Julia del interrogatorio con su pasaporte, al otro yo sin el mío. Pasa el tiempo, me vuelve a llamar el official: “It is fine, I spoke with your partner, you can enter, all what I need from you is a signature here”, “Sure!” firmo y me voy.

-    ¿Y tu pasaporte? Me dice Julia.
-    ¡Huy, es verdad se le ha olvidado dármelo! Me dio a firmar este papel y me dijo que podía entrar.
-    Haber déjame ver el papel:

Ministry of Interior

Decision by virtue, […], and following checks conducted pursuant to Section 9 to the Law.
It was decided that the person is not permitted to ENTER into Israel.
Reason: Prevention of ILLEGAL IMMIGRATION
The individual WILL BE REMOVED from Israel and until that time WILL BE HELD in a location designated for this purpose.

Julia salió disparada hacia el oficial: ¡A dónde piensan llevar a mi amiga, vamos a llamar a nuestro abogado! Llamar a quién os dé la gana contestó gritando sin reparo alguno. Quedé en estado catatónico. Vino un primer aviso, un oficial de militar “Kosen, you need to pack your things, you need to leave now”. Yo andaba sacando de mi mochila las mismas cosas que volvía una y otra vez a meter para hacer tiempo y mientras mi amiga buscaba entre sus bolsillos algo de dinero para darme, solo tengo 20 euros, bueno. A la segunda vez directamente me gritaron: “Stand up!” “Just a minute, I am not ready!”, por qué me hablas como si fuera una mierda, me responde entre otras cosas una oficial en castellano. Me levanté, tomé mi mochila, me despedí de mi amiga y seguí a esa mujer sin saber a dónde. Por el camino, me pregunta por qué no me han dejado entrar y le digo que no lo sé es la ironía máxima.

Salimos fuera del recinto. Mi pasaporte pasó a manos de otro oficial. Fui hacia unos bancos, mas los trabajadores de las obras, todos árabes, rehusaron a que me sentara cerca de ellos. Pedí permiso para ir al baño y rompí a llorar en silencio, confusa.  Aún tenía señal en el móvil y la esperanza de que vinieran con mi pasaporte, se disculparan y sacaran de nuevo sus sonrisas enantioméricas.

Al final del día, un hombre bajito que desde lo lejos me preguntaba si hablaba árabe sujetaba mi pasaporte, era lo que me faltaba, le digo que no y le sigo, entra en un autobús y se sienta. Es el conductor, he de entrar y una vez que las puertas del bus se cierran me da el pasaporte. Otra vez al control jordano. Allí me preguntan lo mismo por qué no he podido entrar en Israel, no lo sé. De nuevo he de esperar, el jefe del control de la frontera desea hablar conmigo. Ya no tengo internet, nadie sabe dónde estoy. Me viene a la cabeza el isómero óptico de la costa israelita desde el Mar Muerto. No superponible, porción opuesta, a qué te resistes, ¿a mí? ¿qué te he hecho?
Después de un rato, en una gran oficina, fumando y sentado en el escritorio estaba el jefe: “Welcome, welcome to Jordan, you are our guest!” !Oh! Menudo recibimiento: “Thank you very much, I really appreciated it”.   En un punto de la conversación me ofreció pasar la noche en el sofá de su oficina ahí fue cuando desperté de mi catarsis, ¡no, pero yo tengo que regresar esta noche a Jerusalén, me esperan! “You cannot enter to Israel for at least five years with this passport”, “What?!” “Your boyfriend is also welcome, tell him to come and pick you up.” Hasta ese momento, ni me había dado cuenta de que los israelitas habían puesto un sello en mi pasaporte: ENTRY DENIED.

Para no complicar más las cosas, evité mencionar que mi novio es judío. Le pedí regresar a Amán, dormir en un hotel y luego ver qué se podía hacer. Y así, sin más me dejó ir: “Do you need something else?” “Yes, internet”. Aquella noche me fui a meter en el peor hotel de Amán, pero no me importó, estaba en una cama, en una habitación, en la seguridad, agradecida a Jordania. Si esto me pasa a mí qué les pasará a otras personas olvidadas entre fronteras. La empresa israelita donde trabaja mi pareja se hizo responsable de mí depositando 15000 shekels en la cuenta del ministerio del interior, al tercer día logré regresar por el mismo camino. Cargando dentro de mí odio y rechazo. Me tocó esperar, ninguna disculpa. Los palestinos me miraban perspicaces: “Where are you from?”, I replied: “I know where YOU are from”, “Yes” he said I am from Palestine. “Me from Spain”, “Oh Spain! Beautiful country” “Thank you!”.

Esa ira se ha ido transformando siento empatía, ha de ser horrible vivir en una rutina de necesidad que condiciona a actuar así. Por culpa de este incidente, no pude salir de Israel en los diez meses siguientes. Restricción horrible. Mi Alissa, aún no he leído tu carta, no me vendría nada mal un paseo por la Avenida Nevski  quien en sus días dijo: “Dios no está en la fuerza sino en la verdad”. Con esas palabras logró proteger su ciudad a pensar de estar en desventaja y como plus, le hicieron santo.

I guess that I am a part of Israel, an uncomfortable one, a part rejected. In any case, I have always the feeling of belonging to nowhere. En palabras de Alejandro Rossi: ”Más allá de fatalidades biológicas nunca tuve seguridad en una clase social, en un país, en un territorio propio. Una esencial extranjería en todo. Sin duda la literatura ha sido lo que más me ha amparado.”

Si me preguntas por qué me ha tenido que pasar una cosa así, será por eso mismo, porque en mí gracias a la literatura no muere. En algún lugar, el dios más que hablar observa y nos deja libres. ¡Cómo me gustaría saber japonés y escribir haikus! Y así sentir que pertenezco a algún sitio.
¡Muchos besos!
 

 

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